¿Cómo lidiar con la muerte o pérdida de tu perro?

Muchas personas minimizan la muerte de un perro, como si fuera un duelo menor y no los es. Primero debemos considerar qué es y qué significa el perro para esa persona, algunas veces es lo único que te queda de tu papá o algún ser querido, a veces es tu compañero por el cual abres los ojos día a día, es un amor incondicional que solamente alguien que ha tenido un perro puede saber lo que significa. Las personas que ven a los perros como cosas, como ganado o como seres sin alma claro que no pueden entender el dolor.

Los duelos más inhabilitantes son de los seres que viven bajo nuestro propio techo, son los que más solemos extrañar porque estaban ahí cuando llegabas, cuando te ibas, los que te acompañaban siempre. Todas aquellas personas que no entienden el duelo les pediría mucho respeto hacia el dolor de los demás, no somos nadie para decirle a otra persona por qué llorar y por qué no. 

¿Cómo manejamos la pérdida de nuestro perro?

El duelo por una mascota se trabaja exactamente igual que el de una persona, probablemente la duración no sea la misma, pero se tienen que pasar la cinco etapas del duelo

La primera es la negación, nos cuesta mucho trabajo creer que esto pasó sobre todo cuando tenemos que llevar a nuestro perro a dormir con el veterinario, esa decisión nos pesa muchísimo. Hay que recordar que la consecuencia no pesa sobre nosotros nunca. Cuando un veterinario lo sugiere es porque es lo correcto, lo que se debe de hacer para parar el sufrimiento, jamás un veterinario aceptaría que tomarás una decisión cuando todavía no es necesario.

La siguiente etapa es el enojo, muchas veces el enojo vuelto hacia uno mismo se convierte en depresión. Después se convierte en negociación con la vida, tratas de negociar con ella pensando que fuiste un buen amo, que a lo mejor tienes otro perro. Después le sigue la depresión hay que tener en cuenta que esta depresión no es química sino reactiva; reaccionas así porque perdiste a un ser querido, no necesitas antidepresivos a menos de que ya los tomarás antes por otros motivos.

La última de las etapas del duelo es la aceptación. La aceptación no significa que te guste o estés de acuerdo con lo que haya pasado, sino que decides recoger los pedacitos de tu vida y honrar la memoria de ese gran compañero que fue tu perro.

¿Cuándo es aconsejable tener otro perro?

No inmediatamente, los perros no son substituibles, entonces hay que vivir el duelo primero. ¿Cuándo estás listo? cuando te das cuenta que tienes mucho amor para dar y que todo ese amor no te lo debes quedar solo para ti, lo tienes para darlo y no es una traición para tu perro que murió, al contrario tu perro se alegraría de que le hagas feliz la vida a alguien más y que venga a moverte la cola y hacerte sonreír.

Cuando ya estás en la aceptación y te das cuenta que sería un grave error quedarte sin ese amor, muchas veces en las primeras etapas solemos decir “yo no vuelvo a tener un perro” “para qué me compro un dolor si ya en la vida hay muchos”. La estrategia de no involucrarnos para no sufrir probablemente hará que no te duela, pero también hará que disfrutes menos. Creo que una vida protegiéndose del dolor no es una vida disfrutando del amor.

¿Cual es la sepultura más digna para nuestro perro?

Hay dos cosas muy dignas que podemos hacer con el cuerpo de nuestro perro. Uno puede ser enterrarlo, si tenemos un jardín creo que es perfectamente viable que se haga un hoyo lo suficientemente profundo, pongamos el cuerpo del perro a lo mejor envuelto en alguna sábana y ponerle cal encima para evitar la descomposición, los olores y demás; no significa que hayas convertido a tu perro en abono para tu jardín ¡por supuesto que no! Significa que en esa casa en donde vivió, donde fue feliz es donde quieres que reposen sus restos.

Cuando vemos un  cuerpo sin vida nos damos cuenta que el alma, el espíritu y el ánimo ya no están ahí, solo es un cuerpo al que debemos honrar con respeto porque lo quisimos y lo cuidamos.

La otra opción que tenemos es la cremación, existen también los cementerios pero la verdad es que nunca iríamos a visitar a nuestro perro así que esa no es una opción tan viable. Puedes buscarle un lugar a la urna que te entregan, la puedes colocar en el jardín de la casa, en un exterior, yo no soy partidaria de tener las cenizas dentro de la casa ya sean de perros o de humanos.

¿Es bueno ponerle el mismo nombre de un perro que ya murió a uno nuevo ?

Definitivamente creo que no es sano ponerle el mismo nombre a otro perro. Cada perro tiene su personalidad y estilo, ponerle el nombre del perro que falleció es tratar de buscar un poco al otro perro en este. Debemos dejar que esté nuevo miembro de la familia nos conquiste, que nos demuestre sus cualidades, buscarle otro nombre y crearle otro espacio en nuestro corazón, porque hay que recordar que cuando un corazón se nos rompe no se hace pedazos sino que crece y le caben más seres a quienes amar.

Puede que muchas veces nos lleguemos a equivocar, cuando llames al nuevo perro es muy probable que puedas hablarle con el nombre de tu perro anterior.
Es muy común, ya que es un hábito y una costumbre, tu mente y tu corazón relacionan “perro” inmediatamente con el nombre anterior. Pero no te preocupes, poco a poco este nuevo integrante de la familia se irá ganando su lugar, nombre o su apelativo cariñoso.

En el caso de que se llegara a perder tu perro ¿cómo lidias con esa pérdida?

Yo creo que esa es de las pérdidas más dolorosas, cuando un perro muere sabemos dónde está su cuerpo, sabemos lo que le pasó, le damos una digna sepultura y aun en el agridulce sentimiento  de dolor estamos más tranquilos que pensar que nuestro perro pudiera estar viviendo algún peligro. 

Lo más probable es que en ciudades como Ciudad de México si tu perro se perdió alguien más lo va a encontrar, ya sea para venderlo o para quedárselo, pero en cualquiera de los dos casos habrá encontrado un hogar en el cual estará bien y o cuidaran.

Yo elijo pensar en eso. Debemos recordar que nuestros pensamientos construyen nuestra realidad y para mi decirle “adiós” a un ser que amo es justamente dejarlo “a- Dios”, ahí donde ya no alcanzo a cuidarte te dejo en las manos de quien sí, en un ser superior que seguramente cuidará de ti con una nueva familia con la que encontrarás la forma de ser feliz.
Yo creo que ese es el consuelo que debemos de tener, no recriminar y no lastimarnos por lo que pasó, hemos hecho lo mejor que hemos podido con los recursos que hemos tenido y las circunstancias en las que estábamos. Los accidentes pasan y hay que seguir adelante honrando la memoria de ese ser que estuvo con nosotros.

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